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Paz

Todos los días deberíamos examinarnos sobre lo que nos hace perder la paz a lo largo del día. Y es que la paz se pierde no sólo cuando se explota ante determinada situación que se presenta. También se exterioriza cuando llegamos a la casa malhumorados, o silenciosos, o sin ganas de compartir gratos momentos con las personas que integran nuestras familias. 

En este caso ellos se preocupan y se preguntarán: ¿Por qué papá esta así?, o ¿por qué mamá se comporta de esta manera? Es decir, se pierde la paz que tendría que reinar en cada hogar; que debería convertir la casa en un lugar luminoso y alegre. 

Contestar mal; dejar de saludar; no trabajar con el empeño que las tareas ordinarias lo requieren;…todo lo que contribuye a que se altere la armonía de una sociedad que espera mucho de nosotros, hace perder la paz. 

Pero que grato es sembrar a nuestro paso regocijo y buen humor; cuando la satisfacción de una vida limpia inunda nuestro interior. Y es que un corazón que rebosa paz, es capaz de cambiar todo un ambiente de tristeza y pesimismo. 

Y la paz se la pide en la oración. Dios nos la concede a manos llenas. Cuánto más se la solicita, más nos llega. Seamos hombres y mujeres de paz. Que se vea en nuestro rostro, en nuestros consejos, en las obras que realizamos. Siempre que Jesús se presentaba ante un grupo de personas decía: “La paz esté con vosotros”. Que nunca perdamos esta gracia, que el Señor nos otorga día tras día.

Saludos,                                                                                  

Departamento de Familia

Adelante

Un día más. Otra oportunidad que nos da el Señor para engrandecer su Reino, con nuestras actividades ordinarias de cada día. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

Y qué bueno, comenzar el día con el Ofrecimiento de obras, con una oración que nos comprometa a realizar bien nuestras tareas, por amor a Dios y al prójimo.

Y en esa oración, que no falte encomendar mucho a nuestra familia; a nuestros compañeros de trabajo; a nuestros amigos y también a quienes no conocemos, pero con los que juntos compartimos el sendero que nos lleva a servir a los demás.

Si nos levantamos preocupados, o un poco disgustados, cambiemos nuestra actitud. Pensemos que el Señor nos quiere alegres, en paz; con los sentidos dispuestos a escuchar su voz que nos alienta a seguir ese plan de vida que nos tiene trazado desde la eternidad.

Hoy es nuestro día, no mañana ni la próxima semana. Hoy tanta gente espera que lleguemos con una sonrisa, con un buen apretón de manos, con un abrazo, con una palabra de aliento,…con un saludo.

Que vivamos este día con entusiasmo y optimismo, pues sólo el hecho de continuar viviendo, debe ser motivo para agradecerle a Dios por habernos permitido seguir disfrutando de nuestros seres queridos, que también se regocijan por tenernos junto a ellos.

Saludos,                                                                                  

Departamento de Familia

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