CLUB DE PERIODISMO: NI UN PASO ATRÁS

La semana pasada falleció el expresidente de la República, Sixto Durán-Ballén Cordovez, provocando una gran sensación de pena en todos los ecuatorianos, quienes a más de recordarlo como un gran mandatario y un gran arquitecto, también lo recordamos como un excelente ser humano; un señor muy valioso, recto y honesto.

Probablemente el primer gran aporte del expresidente fue el rol fundamental que cumplió en la reconstrucción de la ciudad de Ambato, la misma que fue azotada por el terremoto de 1949 durante el gobierno de Galo Plaza Lasso.

Fundó, en conjunto con Camilo Ponce Enríquez, el Partido Social Cristiano. Fue Alcalde de Quito entre 1970 y 1978, tiempo durante el que ganó popularidad por haber emprendido numerosos proyectos de obras públicas, incluyendo la construcción de los túneles que atraviesan el Centro Histórico de la ciudad.

Fue también diputado nacional en 1984 y luego Presidente de la Junta Nacional de la Vivienda hasta que, finalmente, en 1992, después de haber perdido dos elecciones, fue proclamado Presidente de la República, cargo que ejerció hasta 1996.

Su gobierno estuvo marcado por fuertes medidas económicas, el comienzo de la modernización del Estado, una notoria reducción de la inflación (del 60% al 24%), incremento de la Reserva Monetaria, apertura del diálogo con los pueblos indígenas, creación del FISE (Fondo Social de Emergencia), que brindó asistencia a centenares de comunidades pequeñas en todo el país; creación de la Asesoría Ambiental a nivel Presidencial, que sirvió para luego ser creado el Ministerio de Medio Ambiente; instauración de la Asesoría de Asuntos Indígenas, dando a su representante nivel ministerial.

Aun habiendo destacado en todo lo previamente mencionado, probablemente lo que hace a Sixto Durán-Ballén y a su periodo como Presidente de la República inolvidables fue el conflicto armado con Perú en 1995, la “Guerra del Cenepa”, en la cual Ecuador obtuvo su primera victoria militar después de dos arduos meses de enfrentamientos bélicos.

Durante este conflicto, Durán-Ballén dio aliento con una frase que lo inmortalizó y que hasta el día de hoy es usada para infundir fe en los corazones de los ecuatorianos: “ni un paso atrás” y de ahí el nombre de mi artículo, ya que más allá de grandes obras y necesarias medidas económicas, esto, en mi opinión, es el legado más grande que nos dejó.

Un recordatorio de que unidos podemos, que juntos somos grandes y que siempre hay que tener esperanza y determinación para la consecución de nuestros ideales.

Paz en su tumba.

Pedro Valverde Chedraui
Club de Periodismo y Debate
Segundo de Bachillerato

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