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Lunes de Familia

El Rosario: una oración que transforma

La Iglesia dedica de manera especial el mes de octubre al Santo Rosario. Es una oportunidad para recuperar una oración que quizá hemos dejado de lado y hacerla en parte de nuestra vida cotidiana.

El Rosario no es simplemente repetir avemarías. Es tomar de la mano a María para mirar, junto a ella, la vida de Jesús. Mientras nuestros labios rezan, nuestro corazón contempla los momentos más importantes de su vida: la alegría de su nacimiento, su vida entregada, su pasión, su muerte y su resurrección.

¿Por qué esta oración tiene tanta fuerza? Porque el centro del Rosario es Jesús. María nos lleva a Él. Nos invita a detenernos, a contemplar lo que Él vivió y a preguntarnos qué necesitamos cambiar en nosotros para parecernos más a Él.

Podemos ofrecer el Rosario por nuestros hijos, para que crezcan con un corazón bueno y sepan elegir el bien; por nuestro matrimonio, para que nunca falten el diálogo, la paciencia y el perdón; y por tantas necesidades del mundo entero.

Rezar el Rosario nos enseña a confiar en Dios.  Poco a poco, esta oración puede transformar nuestra vida y la de nuestra familia. Nos fortalece en las pruebas más difíciles y mantiene nuestra familia unida. Una familia que reza unida aprende a mirarse de otra manera.

Sin embargo, a veces podemos caer en la rutina: terminamos los cinco misterios y nos damos cuenta de que nuestra cabeza estuvo en cualquier parte.  ¿Cómo rezar bien el Rosario? ¿Cómo hacer que cada misterio pase de la oración a la vida?

Esta fórmula sencilla puede ayudarnos: CONTEMPLO – PIENSO – OFREZCO – ACTÚO.

Primero contemplamos el misterio e intentamos entrar en la escena, como si fuéramos un personaje más. Luego, pensamos qué nos quiere decir Dios. Después, ofrecemos nuestras intenciones, preocupaciones y necesidades. Finalmente, elegimos una acción concreta para llevar a la práctica lo que hemos contemplado.

Porque cada Rosario es, en el fondo, una manera de decirle a Jesús: “Quiero que mi vida se parezca un poco más a la tuya”

Confiar en María es aprender a caminar de su mano hacia Jesús, con la certeza de que nunca nos abandona y de que siempre podemos acudir a ella.

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Departamento de Familia