Los que se fueron

Es muy lamentable sufrir la pérdida de un ser querido -o de algún conocido- que por diversas circunstancias, deja de existir.

Quedan sólo recuerdos de su paso por este mundo. Y vienen a nuestra mente, los momentos de alegría que vivimos junto a ellos. Y añoramos,… y quisiéramos tenerlos junto a nosotros, pero ya no estarán, se han ido para siempre.

Ya no los tenemos físicamente, pero sus almas viven, gozando de la presencia de Dios, o esperando en el Purgatorio el momento preciso en que saldrán a reunirse definitivamente con el Señor.

Y tenemos que rezar continuamente por estas almas. Ofrecer la Santa Misa, y tener otras devociones que les ayudaran a llegar al Cielo con prontitud. Cómo nos agradecerán, y cómo nos retribuirán –cuando estén junto a Jesús- por  las continuas oraciones realizadas desde que nos dejaron.

Que no abandonemos nuestras plegarias; que no los olvidemos; que siempre los tengamos presentes. Si no lo hemos hecho, comencemos desde hoy mismo. Una pequeña oración, u otra que nos lleve un poco más de tiempo, son necesarias para ellos. Algún día,… también necesitaremos que nos encomienden nuestros seres queridos.

Saludos,                                                                                  

Departamento de Familia