Alegría

Aún en los momentos de incertidumbre, o cuando los acontecimientos no salgan como los habíamos previsto. La alegría debe constituirse en nuestra fortaleza, aún en los momentos de adversidad.

También debemos estar pendientes de los demás. Si acaso las personas que están a nuestro alrededor pasan por momentos difíciles, busquemos la forma de ayudarlos para que retorne el optimismo, y a pesar de los malos momentos, logremos devolverles las sonrisas a sus rostros.

La palabra de aliento; el buen humor en nuestra conversación; el apretón de manos y un abrazo sincero; tratar de remediar esa urgencia material por la que están atravesando, aportando, con lo que esté a nuestro alcance.

Y si acaso la pérdida de la alegría, es consecuencia de una enfermedad, busquemos a un especialista. No demoremos la presencia de un profesional, que puede ayudar a restablecer ese estado de ánimo que postra y entristece.

Aunque no lo pidan, es nuestro deber servir a quienes lo necesiten. Y mucho más, si se trata de un familiar, amigo, o de algún conocido.

No demoremos el aporte que podamos brindar, para sacar de ese pozo profundo, a quienes sufren y están desalentados. Quizá en este mismo instante, alguien que está junto a nosotros, necesita de nuestra compañía. Ayudemos a que recupere su alegría, extendiendo nuestra mano,… para estrechar la suya.

Saludos,  

Departamento de Familia