Jesús dedicó su vida a anunciar el Reino de Dios: un Reino de amor, de verdad, de misericordia y de esperanza. Pero ese anuncio no fue solo con palabras, sino con cada gesto, con cada mirada, con cada decisión.
Hoy, como padres, también nosotros anunciamos algo… incluso sin darnos cuenta.
Nuestros hijos nos miran constantemente. Ellos “leen entre líneas” lo que vivimos: cómo hablamos, cómo tratamos a los demás, cómo reaccionamos ante las dificultades, cuánto espacio tiene Dios en nuestra vida. Más que lo que decimos, aprenden de lo que hacemos.
¿Qué anuncio cuando tengo paciencia o cuando la pierdo? ¿Qué anuncio cuando perdono o cuando guardo rencor? ¿Qué anuncio cuando rezo o cuando Dios no tiene lugar en mi día?
Anunciar el Reino de Dios en familia no es algo complicado. Empieza en lo cotidiano: en una palabra amable, en un momento de oración, en un acto de servicio, en una mirada que acoge. Es hacer visible a Dios en casa.
Hoy vale la pena preguntarnos con sinceridad: ¿Qué estoy anunciando con mi vida? Y aún más importante: ¿Qué están aprendiendo mis hijos de mí?
Porque, al final, el primer anuncio del Reino para ellos… somos nosotros.
Departamento de Familia