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Sí, el Señor, desde el Cielo, tiene una preferencia especial por usted. Somos millones de millones los que habitamos la tierra, pero…, Dios tiene ojos, sólo para usted. Pensó en usted, desde la eternidad.

Y cuando ya está aquí, comienza el reloj de la vida a funcionar. Un reloj que le recuerda a nuestro Dios, permanentemente, sin parar, qué pasa en cada segundo de su vida. Se regocija con sus alegrías, se entristece con sus penas. Se siente orgulloso por sus éxitos, y busca como solucionar sus fracasos.

Y envía ayuda para que usted pueda recorrer, la ruta de la vida, que todos tenemos que caminar. Las rosas en el camino las pone Él; las piedras del camino, las retira Él; los carteles para que no se extravíe, Él los coloca. Las personas que lo alientan para que siga, a pesar del cansancio, y una posada para que se alimente, descanse y recupere fuerzas, son ubicadas por Él.

Él y usted…, en la ruta de la vida. Sígala…, no se extravíe; mire siempre los carteles, escuche siempre, recupérese siempre. La ruta que a usted le toca seguir, puede ser muy breve, pero también muy larga. Pero corta o larga, lo cierto es que al final del camino, Él lo espera: sin ningún trofeo ni tampoco ninguna medalla. Él le abre las puertas de lo que ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por la mente de ninguno…, sí…, del Reino de los Cielos.

Anímese a seguir siempre la ruta: aunque llueva, aunque la temperatura baje mucho, o aumente demasiado; incluso, cuando se pierda. Siempre habrá alguien que le diga: “es por aquí»; «es por allá”. Recuerde, el Señor lo espera a usted…, para abrir las puertas…, de la eterna felicidad.

Saludos,

Departamento de Familia