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Llegar antes; no esperar a que sean grandes, porque no sabemos qué pasará luego. Mientras más pronto, mejor. Los criterios que podamos sembrar en nuestros hijos, debemos entregárselos con prontitud, aplicando en ellos la Teoría del Teatro.

Esta nos dice que la mente del niño es como un gran teatro, lleno de butacas vacías, y que somos nosotros –los padres y educadores- quienes que tenemos que llenar esas butacas con principios y valores, para que, cuando lleguen las ideologías dañinas, las encuentren ocupadas, con todo lo que nosotros hemos sabido impartir.

Inculcar en la mente del niño el respeto al derecho a la vida, es un gran bien que le hacemos, y que perdurará en él toda su existencia. “Trabajar en favor de la vida es contribuir a la renovación de la sociedad mediante la edificación del bien común. En efecto, no es posible construir el bien común sin reconocer y tutelar el derecho a la vida, sobre el que se fundamentan y desarrollan todos los demás derechos inalienables del ser humano. Ni puede tener bases sólidas una sociedad que -mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz- se contradice radicalmente aceptando o tolerando las formas más diversas de desprecio y violación de la vida humana, sobre todo si es débil y marginada. Sólo el respeto de la vida puede fundamentar y garantizar los bienes más preciosos y necesarios de la sociedad, como la democracia y la paz”. (San Juan Pablo II).

Podrán venir leyes que atenten contra la vida y la dignidad del ser humano, pero si hemos sabido transmitir la grandeza y el valor de la vida humana, esa realidad sagrada, que se nos confía para que la custodiemos con sentido de responsabilidad y la llevemos a perfección en el amor y en el don de nosotros mismos a Dios y a los hermanos, permanecerá en el espíritu y en la mente de nuestros hijos.

El valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, afirma el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho, se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política.

Saludos,

Departamento de Familia