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Los Reyes Magos le entregaron al Niño Jesús oro, incienso y mirra. Tres regalos para el Hijo de Dios. Pero había mucho más detrás de este gesto: la adoración que recibió Jesús como el Rey de los judíos.

Y es que la oración que le ofrecemos al Señor debe ser de petición, de agradecimiento, pero también de adoración y de alabanza. Cuántas veces nos quedamos en la oración de petición, y después en la de agradecimiento.

¿Sabemos adorar a Dios? ¿Sabemos alabar a Dios? ¿Somos capaces de realizar estos actos piadosos frente a Jesús Sacramentado, que está presente sobre el altar, en la custodia? ¿Cuántas veces le vamos a rendir el homenaje que se merece, en aquellas iglesias que exponen al Santísimo permanentemente?

Son unos pocos momentos a solas con Dios, contemplándole y conversando con Él de nuestra vida.

Cuando salimos de la capilla lo hacemos reconfortados, con más ánimo, con más optimismo, con más deseos de realizar con esmero nuestras actividades,… con ganas de cambiar.

Adorar al Señor, como lo hicieron los Reyes Magos con el Niño Dios. Que sea uno de los propósitos a seguir durante el 2018.

Saludos,

Departamento de Familia