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Alégrate

El tercer domingo de Adviento tiene un color diferente. Es un pequeño rayo de luz que nos anima y nos recuerda que la alegría verdadera, la que no pasa, ya casi está entre nosotros.

La alegría no depende de que todo esté bien, sino de la confianza en que Dios cumplirá su promesa.

La luz ya está a la puerta; entreguémosle nuestras cargas: esas culpas pasadas que Dios, incluso, ya ha perdonado, y esas preocupaciones que no podemos resolver.

Reconozcamos qué lugar de nuestra vida necesita alegría verdadera, qué parte no le hemos entregado a Dios para llevar juntos esa carga.

A veces creemos abandonarnos en las manos de Dios, pero vivimos con el corazón agobiado. Entreguemos cada día lo que nos pesa. Eso no es fácil, no sucede de una sola vez, sino a cada instante.

Así, esa gran luz encontrará espacio en nuestras vidas. En esas pequeñas entregas diarias se construye una vida llena de luz y esperanza. Falta poco, y lo que viene es tan grande que vale la pena seguir esperando.

Departamento de Familia