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Las mujeres y los hombres, no somos rompecabezas, de esos que armamos y desarmamos. Un rompecabezas de un paisaje, tiene su pieza para formar el sol, otra para el mar, otra para el velero…, en fin.

El ser humano, en cambio, es de una sola pieza; una sola unidad. No puede existir una persona que diga: “yo soy uno cuando estoy en el templo” (rezo); “otro cuando estoy en una fiesta” (bebo hasta estar en el piso); “otro cuando estoy practicando un deporte” (allí golpeo a mi rival, e insulto al árbitro); “otro cuando veo a una mujer que no es mi esposa” (y la deseo para mí); ni “otro para complacer a los que quieran oír cosas que les conviene” (aunque ello se vaya contra la moral).

Todos debemos caminar en nuestra vida, con una conciencia recta, que es sinónimo de verdadera. La conciencia laxa, en cambio, es la que está de acuerdo con lo que en sí es objetivamente grave, y moralmente reprobable.

Andar por la vida con una cara para el templo, y con otra para obrar en la sociedad, equivale, a traicionar a la razón.

Saludos,

Departamento de Familia