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“Querría detenerme concretamente, en una de las posibilidades que brindan las vacaciones: aprovecharlas para intensificar los lazos de amistad que nos unen a otras personas, y para multiplicar el número de amigos, con el fin de acercarlos a Dios.

Todos podemos y debemos llegar a más, porque la gracia que el Señor nos concede es abundantísima. Utilicemos para eso el apostolado de amistad y confidencia -¡qué fecunda es la experiencia del Padre (San Josemaría)!- y todas las ocasiones que se nos presenten, hasta las que puedan parecer más anodinas, como los viajes, para intentar entablar una conversación apostólica con las personas con quienes coincidamos.

No me olvidéis tampoco que, en estas épocas, mucha gente deja todavía más de lado al Señor. Desagraviemos, también porque quizá nosotros hubiéramos caído en las mismas faltas, de no habernos topado con Dios; alimentemos el deseo de recristianizar la diversión; pidamos que las almas salgan del fango y se conviertan.

¡Qué panorama fascinador se nos presenta ante los ojos, para ser más fieles, más de Dios, más cristianos”. (Beato Álvaro del Portillo).

Saludos,  

Departamento de Familia