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Los vimos crecer. Algunos más inquietos que otros, pero creemos que estamos cosechando lo que nos correspondió a nosotros sembrar. Pusimos unas semillas buenas en nuestras aulas, y con las manos de nuestros jardineros -los maestros-, y regando poco a poco, logramos lo que nos propusimos: tener buenos frutos.

Caballeros, respetuosos, trabajadores, leales con sus amigos, solidarios, generosos… Si en algún momento, se excedieron en algo –sea en el Colegio o fuera de él-, lo rectificaron a tiempo, y ahora caminan siguiendo la ruta sin desviarse, sabiendo que su familia, sus esposas, sus hijos, los ven, y aprenden todo lo bueno, que ellos les pueden ofrecer.

Hay chicos que ya no están aquí en la tierra, pero siempre los recordamos con una sonrisa, con su mejor sonrisa. Y rezamos por ellos, y los encomendamos -y nos encomendamos a ellos-, porque el Señor y la Virgen, los recibieron en el Cielo.

¿Cómo es un alumno que sale del Torremar? Usted que los conoce, sabrá decirlo. Nosotros los vemos felices, aunque hayan pasado pruebas difíciles, que la vida les ha presentado. Quienes vienen a visitarnos, o quienes están lejos, y nos comunicamos por los diferentes medios con los que hoy contamos, siempre irradian a través de su rostro, o de sus palabras, optimismo, alegría, ganas de seguir luchando para abrirse un camino en la vida, que no es fácil, pero ellos tienen la receta para lograrlo.

Esa receta la escribieron ustedes padres, y también nosotros…, y ellos la han firmado. Vaya para nuestros exalumnos, un abrazo fraterno, sincero, fuerte, lleno de esperanza. No se puede olvidar, a quienes les dimos un poco de nuestro espíritu. Y a ustedes chicos, dejen en un rincón de su alma, un sitio muy pequeño, para que podamos también…, ser parte de su vida.

Saludos,

Departamento de Familia