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Leer o repasar los Evangelios, siempre será una experiencia agradable. Recordar los momentos en que Jesús estuvo con nosotros, hasta su Ascensión, nos lleva a reflexionar cuánto Dios nos amó, para enviarnos a su Hijo, con la misión de redimirnos de nuestros pecados.

Para que aprovechemos más nuestra lectura, sería conveniente que nos metiéramos en cada uno de sus recorridos, como un personaje más, desde su nacimiento hasta que nos dejó.

Pensar que somos uno de los pastores que estuvieron junto a Él en su nacimiento, o alguien del séquito de los Reyes Magos, o una de las tantas personas que vieron sus milagros o escucharon sus palabras. Hay muchos episodios en los Evangelios, que podemos meternos en algunas de las escenas que allí se presentan.

Son tan ricos los Evangelios, que deberíamos preguntarnos si leemos tan sólo unos versículos, o si podemos, algún capítulo que está escrito en sus páginas. Tratemos de hacerlo, y conoceremos al Jesús que se reía; que tenía hambre y sed; que se conmovía; que rezaba hasta el amanecer; que se cansaba; que lloraba; amigo de publicanos y pecadores; que ayudó a tantas personas que recurrían a Él.

Y encontraremos al Dios Hijo, pero también al hombre. Capaz de entregar su vida por cada uno de nosotros.

Saludos,

Departamento de Familia