¿Cuándo fue la última vez que vivimos un momento de plena conciencia y gratitud? Muchas veces vivimos en modo automático, sin mirar de verdad lo que pasa a nuestro alrededor. La rutina y el cansancio nos hacen vivir cada momento sin saborearlo, sin detenernos a disfrutar de la compañía, sin valorar y agradecer lo que tenemos. Podríamos decir que estamos dormidos: dormido nuestro corazón, nuestra fe, nuestra mente, nuestra voluntad.
¡Despertemos ya! No sea que despertemos muy tarde y nuestro cónyuge ya tenga el pelo blanco y no hayamos sabido escucharlo, abrazarlo, apoyarlo lo suficiente. O quizá nuestros hijos hayan crecido, y se nos haya pasado el tiempo de amarlos, educarlos, acompañarlos y disfrutarlos.
Dios quiere despertarnos. Quiere que miremos a nuestros hijos de verdad, que miremos a nuestra pareja sin prisa, y que nos miremos a nosotros mismos con honestidad.
Despertemos nuestro corazón adormecido, que quizá ha perdido la ilusión, y que cree que es imposible perdonar. Despertemos nuestra fe, recobrando nuestra confianza en Dios, en su amor y en su providencia. Asombrémonos de las cosas hermosas que nos pasan y agradezcamos por cada detalle de cariño que recibimos
Despertad para vivir, para sentir, para amar, para volver a Dios, para levantar lo caído, para recuperar lo verdadero. La vida es demasiado grande para vivirla dormidos.
Departamento de Familia