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Hemos festejado, por dos semanas seguidas, Solemnidades de la Virgen: La Asunción, y Santa María, Reina. Y a lo largo del año, hay muchas festividades de nuestra Madre, que celebramos con devoción.

Este cariño reservado para Ella, es una muestra de amor hacia la Madre de Jesús y Madre nuestra. Preguntémonos: ¿Cómo vivimos estas dos últimas fiestas? ¿Rezamos alguna oración? ¿Arreglamos de una manera especial, esa imagen que tenemos de Ella en nuestra casa? Nuestros hijos, en su habitación, ¿tienen algún cuadro -pequeño o grande- o alguna estampa que les permita recordarla?

La Virgen está pendiente de nosotros a cada instante, como una madre con sus hijos. Pero hay que llamarla, hay que recurrir a Ella en los momentos difíciles y en los ratos felices. Toda situación por la que estemos atravesando, debe ser motivo para hablar con María.

San Josemaría nos decía: “Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Cuenta San Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en Él sus discípulos. Nuestra Madre, intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios”.

Recurramos a la Virgen, Reina del Cielo y Madre del Amor Hermoso, cuando estemos necesitados, y cuando nuestro corazón rebose de alegría.

Saludos,  

Departamento de Familia