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Juan Bautista, preparó al pueblo de Israel para la llegada del Mesías. Fue un gran Profeta. Era un gran predicador. La palabra de Dios se encontraba dentro de él. Bautizaba, y tenía muchos seguidores.

Pero esto no lo enorgulleció. Sabía perfectamente que su papel en la Redención era dejar listo el camino por el cual Jesús tenía que transitar. De él debemos aprender mucho: su templanza; su espíritu de entrega; su humildad; su valentía; la fidelidad al cumplimiento de su misión; su insistencia en transmitir a los demás la necesidad de la conversión.

Preguntémonos: ¿Estamos viviendo bien nuestra vocación de cristianos? ¿Estamos conscientes de que todos estamos llamados a la santidad? ¿Cómo preparamos los senderos del Señor en nuestra vida ordinaria: con nuestras familias; en nuestros sitios de trabajo; con las personas que viven a nuestro alrededor? ¿Sabemos transmitirles este mensaje a nuestros hijos? ¿Somos protagonistas de esa invitación al cambio que predicó Juan Bautista, y que la debemos vivir en Adviento?

Así como Juan preparó el camino de Jesús, seamos nosotros también esa luz que guíe a los demás hacia el encuentro con el Señor.

Saludos,

Departamento de Familia