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Marie Hartwell dice: “Los papás tienen una gran responsabilidad en la educación y el desarrollo de sus hijas. Su influencia, sea negativa o positiva, afecta directamente a la siguiente generación”.

Se ha escuchado decir que el papá es el primer amor de una niña, y eso es indudable. Por eso es tan importante, la presencia del padre. Si el papá quiere mucho a sus hijas, las va a formar para que ellas se vinculen con personas que las van a tratar igual o mejor que lo que él las cuidó cuando eran pequeñas.

Es necesario también, que los hermanos sepan cómo relacionarse con sus hermanas. Desde el lenguaje, hasta los actos. La humillación, las palabras déspotas y denigrantes dirigidas a ellas, y peor las agresiones físicas -por pequeñas que parezcan-, deben ser sancionadas por los padres.

La autoestima crece, la seguridad se incrementa, y la fortaleza se robustece cuando el papá está físicamente con sus hijas, aunque, por algunos motivos, no viva permanentemente en la casa.

Saludos,

Departamento de Familia