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María fue el primer Sagrario. Jesús no sólo tuvo su morada en el vientre de su Madre, sino también en su corazón. Cuidó y enseñó mucho a su Hijo; estuvo siempre a su lado; lo acompañó en los momentos de alegría, y sobre todo en los más dolorosos, uniéndose a Cristo en el sufrimiento de la cruz.

¡Qué gran unión! Sus corazones se hacían uno solo; con una mirada se entendían. La relación entre María y Jesús era perfecta. Pero no solamente fue su Madre. Fue también su primera seguidora, su primera discípula. Cuánto habrán aprendido uno del otro. Cuántas conversaciones; cuántos silencios mirándose o abrazándose con tanto cariño… ¡Qué increíble tiene que haber sido!

María, en este mes, quiere enseñarnos a tener esos momentos tan íntimos con su Hijo. Quiere que entendamos lo importante que es para nosotros buscar espacios para conocerlo y amarlo más. Perfumemos nuestro hogar con el olor de la Oración.

Que seamos dóciles; capaces de tomar la mano de María y caminar con Ella por el sendero que nos lleva a su Hijo. Aprovechemos el mes de mayo, tiempo dedicado a la Santísima Virgen. Invitemos a nuestra familia a rezar el Santo Rosario. Seamos constantes. Si reconocemos que es importante, necesario en nuestras vidas, es seguro que sacaremos tiempo. Ella nos ayudará a rectificar lo que sea preciso, cuando por nuestra ligereza, no acertemos a distinguir a Cristo en nuestro camino.

Saludos,

Departamento de Familia