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Lunes de Familia

El problema de mirar siempre lo que falta

En la vida familiar hay muchas responsabilidades que recaen en todos, grandes y pequeños. Unas se cumplen mejor que otras y quizá algunas no llegan a realizarse. Es fácil poner nuestra atención en lo que todavía no se ha hecho: el esposo trabaja mucho, pero no estuvo presente en una ocasión; la mamá cuida numerosos detalles, pero se le escapó uno; el hijo hace sus tareas, pero olvidó llevar una.

El problema comienza cuando nuestra mirada se acostumbra a buscar lo que falta. Poco a poco, las cosas buenas de los demás pueden volverse invisibles. Muchos detalles que pasan desapercibidos, y que han sido realizados con amor y esfuerzo, quedan sin ser reconocidos ni agradecidos.

Por ejemplo, la esposa puede pensar: “Nunca me ayuda”, aunque haya muchas cosas que él sí hace. El esposo puede pensar: “Ella siempre está de mal humor” y dejar de notar los momentos en que ella procura acercarse. Un padre puede pensar: “Mi hijo no estudia lo suficiente” y dejar de reconocer el esfuerzo que sí está haciendo.

Pero el problema no está en ver lo que falta; hacerlo también es necesario. El problema aparece cuando lo que falta ocupa todo nuestro campo de visión.

Una mirada sana no niega lo que falta ni deja de buscar aquello que puede mejorar. Simplemente se niega a permitir que lo que falta borre lo que sí existe.

Departamento de Familia