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Como es sabido, «el quicio, el gozne sobre el que se apoya y gira la espiritualidad del Opus Dei es la santificación del trabajo ordinario». En palabras de San Josemaría: «No hay en el mundo una labor humana noble que no se pueda divinizar, que no se pueda santificar. ¡No hay ningún trabajo que no debamos santificar y hacer santificante y santificador! Esta es la entraña de la Obra. A la vuelta de dos mil años, hemos recordado a la humanidad entera que el hombre ha sido creado ut operaretur (Gn 2, 15), para que trabajara; y nosotros tenemos obligación de trabajar, cada uno donde deba -en una tarea ordinaria en medio del mundo, en su oficio o en su profesión-, con una gran alegría, con un gran optimismo; sacando bien de todo, porque omnia in bonum!, todas las cosas son para bien».

Como se advierte, la inspiración de este mensaje proviene del designio eterno de Dios Creador sobre el ser humano. En efecto, la base inmutable de toda la antropología cristiana está recogida en aquel principio bíblico según el cual el hombre fue creado varón y mujer, a imagen y semejanza de Dios. Pues bien, el capítulo primero del libro del Génesis revela también que al principio Dios encomendó al varón y a la mujer una tarea común caracterizada por un doble aspecto: la familia y el domino del mundo —dominio que se hace efectivo a través de lo que podríamos llamar hoy el trabajo profesional: «Creced, multiplicaos, llenad la tierra y dominadla» (Gn 1, 28). El varón y la mujer están llamados, por tanto, a colaborar conjuntamente en todas las actividades humanas.

San Josemaría enseñaba que la persona humana, tanto el varón como la mujer, está enraizada en la familia. La familia ocupa un lugar central en la vida humana. Y, cuando hablaba de la familia, se refería a ella en un amplio sentido. En primer lugar, la familia que deriva del matrimonio, pero también la Iglesia, y el Opus Dei dentro de la Iglesia, es familia. Existen modos de realizar la vocación cristiana que no pasan necesariamente a través del matrimonio y que, sin embargo, contribuyen a crear y a difundir en la sociedad un clima familiar, de servicio y entrega a los demás, empezando por los más cercanos.

Por otra parte, San Josemaría animaba a no contraponer los ámbitos en los que se desarrolla la actividad humana: el privado y el público. Si toda persona nace y se desarrolla en la familia, su primer trabajo, su tarea fundamental, ha de estar como ad intra del núcleo familiar. En cambio, el trabajo fuera de ella tiene el sentido de contribuir al sostenimiento de la familia y de edificar la sociedad, cuya célula básica es precisamente la familia.

En un sociedad como la actual, caracterizada por cambios profundos y radicales, las enseñanzas del Fundador del Opus Dei resultan primicias, tan clarificadoras como globalizadoras, en dos temas que, si se disocian, además de separar a la mujer del varón, se convierten en dos fuerzas contradictorias y aparentemente irreconciliables: la familia y el trabajo. En efecto, familia y trabajo vertebran la vida ordinaria, pero sólo se articularán coherentemente si el trabajo profesional se pone al servicio de la persona y de la familia.

El Fundador del Opus Dei, inspirándose en el designio creador y redentor de Dios, considera que tanto la familia como el trabajo en las diversas profesiones son tarea común del varón y de la mujer, llamados a contribuir conjuntamente a la edificación de una cultura acorde con la dignidad de la persona humana. La antropología que subyace a sus obras y a sus enseñanzas pone de manifiesto esta verdad radical, en un tiempo histórico en el que, humanamente, la cuestión no parecía planteable. Consideraciones sobre la antropología “varón-mujer” en las enseñanzas de San Josemaría. Estudio de Blanca Castilla y Cortázar, Doctora en Filosofía y Teología en la Escuela Europea de Educación (Madrid), publicado en «Romana», nº 21 (1995).

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Departamento de Familia