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Entramos a la Semana Santa, que culminará con la gloria de Cristo Resucitado. El Jueves Santo, recordaremos la solemne celebración de la cena Pascual, que nos introduce en el Triduo Sacro. Celebraremos, con mucha gratitud, el momento de la institución de la Eucaristía. Nos dice el Evangelio que, en la última cena, el Señor, “habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1). Mientras Judas iba a traicionar a Jesús, se oscurecía su corazón, pero la misericordia divina triunfaba sobre el odio. La vida triunfaba sobre la muerte. Jesús tomó pan y lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomad y comed, éste es mi cuerpo”. Tomó luego el cáliz y, dando gracias, se lo dio diciendo: “Bebed todos de él, porque ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mt 26, 26-28).

En el Viernes Santo recordaremos la Pasión, y su relato nos llevará a la contemplación de la cruz. En la cruz se revela plenamente, la misericordia del Padre. La liturgia nos dice: “Cuando nosotros estábamos perdidos, y éramos incapaces de volver a ti, nos amaste hasta el extremo. Tu Hijo, que es el único justo, se entregó a sí mismo en nuestras manos, para ser clavado en la cruz”.

La noche del Sábado Santo, durante la solemne Vigilia pascual, el silencio que habíamos mantenido, se reemplazará por un canto de gozo: el Exsultet. La Iglesia proclamará, la victoria de la luz sobre las tinieblas, de la vida sobre la muerte, y se alegrará, en el encuentro con su Señor.

Así entraremos en la Pascua de Resurrección, día en que el Señor resplandece…, resucitando de entre los muertos.

¡Felices Pascuas de Resurrección!.

Saludos,

Departamento de Familia