Todos, en algún momento, hemos tenido la tentación de “empezar mañana”, ya sea algún propósito espiritual, profesional o familiar; y, muy diversos, son los motivos que nos mueven a hacerlo. Pero tengamos cuidado, porque no sea que lo que postergamos sea esencial en nuestras vidas.
Este tiempo es un llamado a preparar el camino. Hacerlo no es solo un llamado: es una urgencia. ¿Qué significa preparar el camino? Significa ordenar nuestro corazón: necesitamos examinar cómo estamos, cuáles son nuestras actitudes y nuestros comportamientos. Significa quitar las piedras que estorban: el resentimiento, la pereza o la superficialidad. Significa aplanar el camino quitando obstáculos como el orgullo o la indiferencia.
Querer cambiar implica coherencia; es decir, no sólo querer o soñar con ser mejores, sino actuar “ya”. Empecemos con pequeños gestos de servicio, de perdón, dedicando tiempo a la oración o acercándonos a los sacramentos. Cada paso, por más pequeño que sea, hace la diferencia.
No dejemos para mañana. El tiempo pasa y el corazón se endurece. Preguntémonos: ¿qué es lo que nuestro corazón lleva tiempo postergando? Luego, ¡empecemos ya!
Departamento de Familia