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Hay que dar ejemplo a los hijos en todo. En el trato con los demás, que debe ser afectuoso, sin gritos, ofensas o comentarios irónicos. Y enseñarles… 

Es muy importante hablar con ellos de la familia, los amigos y compañeros; que comprendan que el amor guarda relación con la responsabilidad, con la obediencia, con el trabajo, con la solidaridad, con el respeto,… 

Con respecto al trabajo, hay que  hacerles entender el valor de una labor bien ejecutada, de mantener una gran disposición hacia los deberes y responsabilidades del diario vivir; de entender que el trabajo también nos forma como personas y supone un medio para mejorar, para santificarnos y para santificar a los demás por medio de él. 

Que aprendan a estudiar sin inventar excusas; enseñarles a trabajar desde pequeños, no sólo en el hogar sino también en el colegio. Que no olviden nunca esas frases que debieron ser inculcadas desde pequeños: “por favor” y “gracias”. 

La responsabilidad y la obediencia van juntas. Hay que educar en la obediencia para formar hijos responsables. Forjar en ellos la obediencia no significa que no se quiera la libertad para los hijos; pero tienen que entender que no sólo existe su libertad, sino también la del resto de personas que viven a su alrededor. 

La alegría también se imita y se transmite. Comenzar el día con buen humor, con deseos de aprovechar al máximo el tiempo, comprendiendo que Dios nos regala en cada mañana, una oportunidad de vivir que no debemos desperdiciar. 

Los buenos modales, la disposición frente a las dificultades, cómo ocupar el tiempo libre, la formación espiritual, la afectividad, el valor y el respeto hacia su propio cuerpo, la actitud ante la vida,… Esto también lo enseña la familia.

Saludos,   

Departamento de Familia