Si en Navidad contemplamos y en Pascua creemos, en el Tiempo Ordinario aprendemos a vivir como cristianos. Dios nos espera en lo cotidiano, en el día a día, y este tiempo nos ayuda a reconocer su presencia, a vivir con la esperanza y el gozo de la Navidad. No son vacaciones espirituales; al contrario, es una invitación a convertir cada acto pequeño, en una gran ofrenda.
Cada día trae su propio afán, y siempre tendremos algo que ofrecer: sacrificios grandes o pequeños. Como cuando nos cuesta levantarnos y hacer un poco de oración, o mantener el buen humor durante toda la jornada. Son muchos los detalles, en cada instante tenemos oportunidad de ser más generosos con Dios. Él solo espera que caminemos a su lado, que confiemos en sus planes y aprendamos a abandonarnos en su voluntad.
El Tiempo Ordinario es el momento en el que la fe se vuelve vida. ¿A qué nos invita la Iglesia en este tiempo? A descubrir a Dios en lo sencillo: haciendo el bien, aunque nadie lo note, cumpliendo nuestro deber con amor, tratando bien incluso cuando nos han hecho daño. Recuerda, este tiempo no es solo para creer, sino para vivir como Cristo.
Departamento de Familia