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Están cordialmente invitados

Los finales felices son los más esperados en cualquier historia de amor. Después de tantas pruebas que han tenido que vencer, con esfuerzo y dolor, por fin el amor triunfa. ¡Qué alegría! Así son muchas de las series o novelas que vemos, pero también así puede ser nuestra vida real. Todos tenemos nuestra historia, donde no podemos ignorar el dolor ni las dificultades, porque siempre están presentes; sin embargo, podemos decidir cómo queremos que sea el final.

La Pascua no es solo una celebración: es una forma de vida, es Vida. Es el triunfo del amor sobre el dolor y el pecado. Cuando la hacemos parte de nosotros, se convierte en un estilo de vida, en una manera a vivir. Jesús venció, pero primero sufrió; venció porque no se guardó nada, porque se abandonó en manos del Padre y respondió con un “sí” a su voluntad.

¿A qué nos invita este tiempo? La Resurrección de Jesús nos invita a vivir con esperanza, incluso en las cosas difíciles que nos toca enfrentar. El dolor no es la última palabra: podemos confiar en que, aunque las cosas sean difíciles, Dios siempre saca algo bueno. Por eso, cuando tenemos dificultades en nuestra familia, debemos rezar juntos y recordar los momentos en que hemos salido adelante con la ayuda de Dios.

Jesús no solo dijo que nos amaba, sino lo demostró hasta el extremo. Nosotros también podemos hacerlo en cada servicio y gesto que tenemos con los demás, porque servir es amar.  Nuestros hijos necesitan nuestro testimonio: vernos luchar por mejorar, empezar una y otra vez y no rendirnos.

Estamos cordialmente invitados a vivir con esperanza, a servir, a tomar en serio nuestra conversión y a ser así, portadores de la alegría de la Resurrección. Que nuestra vida tenga un final feliz… porque cada día elegimos amar como Jesús.

Departamento de Familia