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A la gran mayoría, no los hemos visto en esta pandemia. De cruzarnos con ellos todos los días en nuestro trabajo, dejamos de hacerlo cuando tomamos las vacaciones, en el mes de marzo de 2020.

Es cierto que podemos conversar con ellos, enviarnos mensajes, tratar de todos los temas posibles que podamos pensar…, pero no es lo mismo; sentimos que nos falta algo importante en nuestras vidas: el calor humano que sólo presencialmente podemos sentir.

Se trata de quienes conforman el Colegio Torremar: personal de mantenimiento, de servicios, administrativo, Capellanía, profesores, directivos. Una gran familia, con quienes compartimos las aulas, el comedor, los patios, las canchas…, el Oratorio. También las alegrías, logros académicos, culturales, deportivos. Ver cómo se han preparado nuestros compañeros que llegaron con rostros jóvenes, y con algunas libras menos…, ahora con su cabello plateado, algunas arrugas, pero con la misma vitalidad que el día en que ingresaron a nuestro Plantel.

Alicia, que es un verdadero motor, yendo para allá, viniendo para acá. Bacilia, con las manos abiertas para ofrecernos un café, guiarnos a una sala, o mantener limpio el edificio principal. Los chicos de Sistemas. Las personas que trabajan en Calidad. Maritza, Jacqueline, Aída, atendiendo a los padres de familia, profesores y alumnos que ingresan al edificio principal. Marco Antonio y Édgar, con los cobros y los pagos a los proveedores. Xavier, manteniéndonos bien informados. Las señoras del comedor; nuestros queridos maestros que imparten las clases; Rocío y las señoras del bar, las de servicios; el personal de mantenimiento; los sacerdotes, prestos a brindar su ayuda cuando requerimos fortalecer nuestro espíritu. Quienes dirigen el Colegio: analizando; buscando soluciones a los problemas que se presentan; animando; dando la bienvenida a los padres de familia que desean ingresar a sus hijos a nuestra Unidad educativa.

Cómo se extrañan los gritos en el patio, las preguntas en el aula, las risas, las conversaciones de nuestros alumnos. Y la presencia de los padres: en preceptorías, en certámenes que se realizan en el Colegio, en competencias, o viniendo a dejar y recoger a sus hijos.

En fin. Se encuentran en el interior de nuestro espíritu y de nuestra mente. Son esos seres que Dios nos ha regalado para realizarnos plenamente. Sentimos la presencia de ellos…, tan cercana, tan entrañable. Son parte de nosotros mismos. Siempre estarán…, en nuestros corazones.

Saludos,

Departamento de Familia