Hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor. Es el gran anuncio que conmueve en este día a los cristianos y que, a través de ellos, se dirige a la Humanidad entera. Dios está aquí. (Es Cristo que pasa, 12).

La Navidad está rodeada también de sencillez admirable: el Señor viene sin aparato, desconocido de todos. En la tierra sólo María y José participan en la aventura divina. Y luego aquellos pastores, a los que avisan los ángeles. Y más tarde aquellos sabios de Oriente. Así se verifica el hecho trascendental, con el que se unen el cielo y la tierra, Dios y el hombre. (Es Cristo que pasa, 18).

Estamos en Navidad. Los diversos hechos y circunstancias que rodearon el nacimiento del Hijo de Dios acuden a nuestro recuerdo, y la mirada se detiene en la gruta de Belén, en el hogar de Nazareth. María, José, Jesús Niño, ocupan de un modo muy especial el centro de nuestro corazón. ¿Qué nos dice, qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de esa Sagrada Familia? (Es Cristo que pasa, 22).

No dejéis de acordaros en estos días de la gente sola o que pasa necesidades, y a quienes podemos ayudar de un modo u otro, conscientes de que los primeros beneficiados somos nosotros mismos. Procurad contagiar esta solicitud tan cristiana a parientes, amigos, vecinos, colegas: qué detalle tan cristiano, entre tantos, el de algunos fieles de la Obra que durante algunas noches van a ofrecer algo de comer y de beber a personas sin hogar, y también a quienes se ocupan de vigilar el descanso de los ciudadanos. (Monseñor Javier Echevarría).

Navidad. Me escribes: «al hilo de la espera santa de María y de José, yo también espero, con impaciencia, al Niño. ¡Qué contento me pondré en Belén!: presiento que romperé en una alegría sin límite. ¡Ah!: y, con Él, quiero también nacer de nuevo…»  —¡Ojalá sea verdad este querer tuyo! (Surco, 62). 

¡Que el espíritu de la Navidad permanezca en sus corazones durante el 2017!

 Saludos,

 Departamento de Familia