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Mujeres u hombres…, siempre fuertes. Pero enseñamos a nuestros hijos, con nuestro ejemplo. Es muy bueno escuchar la teoría sobre la fortaleza, pero lo es mucho más, cuando nuestros hijos ven un papá y una mamá fuertes.

Y la fortaleza se la adquiere cada día:

Con renuncias a la comodidad.

Cuando no nos quejamos al sentir dolor.

Cuando al calor se lo aguanta, y al frío también.

Cuando no dejamos que la ira nos invada.

Cuando ponemos nuestra mejor cara,

aunque algo no es de nuestro agrado.

Cuando vamos a una fiesta,

y regresamos a nuestra casa,

caminando y hablando bien.

Cuando la esposa o el esposo,

han cometido un error,

y se los perdona;

Cuando no tenemos miedo de corregir a nuestros hijos,

sin insultos ni golpes.

Cuando rezamos siempre,

sin enojarnos cuando no obtenemos,

todo lo que pedimos.

Cuando sabemos ser alegres,

aunque nuestra alegría,

tenga su raíz en forma de cruz.

Son renuncias pero son ganancias, y qué más ganancias que ver a nuestros hijos, no sólo caminando por la vida, sino dejando huellas…, que guían a los demás.

Saludos,

Departamento de Familia