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Recuerdo a mis hijas cuando eran pequeñas. Dani ya es profesional. Gaby, todavía está en el Colegio. Un Colegio al que quieren mucho, y que ha sido un valioso complemento, de aquello que hemos tratado de brindarles en nuestro hogar. Uno siempre necesita de un buen centro educativo, en el cual nuestros hijos se sientan cobijados…, y donde sean felices.

Donde adquieran los conocimientos que forjarán sus vidas; donde se preocupen de que su espíritu reciba lo que el Señor, todos los días, mociona en sus corazones. Donde los padres de familia se sientan a gusto, en cualquiera de los eventos que se realicen, o cuando tengan que hablar con alguna maestra.

Servir para trascender. Preocuparse por la excelencia y la obra bien hecha, entendiendo el trabajo como medio para contribuir a la transformación de la sociedad hacia el bien, son algunos de los valores más importantes, que el Colegio inculca a sus alumnas.

Al atardecer de la vida, lo que uno se lleva son los recuerdos de su familia, y de quienes ayudaron a fortalecer sus principios. Y el apreciado respaldo que el Delta ha brindado a nuestras hijas, ha logrado que seamos más gratos con Dios, por todos los beneficios recibidos.

Saludos,

Departamento de Familia