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Guardianes de su corazón

Un niño no conoce a Dios primero con la cabeza, lo conoce a través de la experiencia del amor. Y su primera gran experiencia de amor es su familia.

Cuando nuestros hijos escuchan: “Dios te ama”, “Dios es Padre” o “Jesús te cuida”, lo interpretan de acuerdo a lo que han vivido en casa.  Su vida interior, su relación con Dios se va construyendo desde lo concreto. No puede entender un amor invisible como el de Dios, pero sí comprende: una mirada que acoge, una voz que consuela, o unos brazos que protegen. Y es fácil llegar a la conclusión: Así como me aman en casa, así debe amarme Dios.

Para un niño que se siente amado, Dios será cercano, bueno y confiable. Los padres, sin proponérselos, se convierten en “traducción viva” del amor de Dios.

Cuidar el corazón de nuestros hijos es una misión silenciosa, diaria y profundamente transformadora. Significa llenarlo de experiencias de amor verdadero, que le permitan más adelante, reconocer el amor de Dios.

En su corazón nuestros hijos aprenden a sentirse amados (o rechazados), a confiar (o a cerrarse), a descubrir a Dios (o a sentirlo lejano).  Ser guardianes del corazón significa estar atentos a lo que viven por dentro, no solo a lo que hacen por fuera, protegerlos de lo que puede dañarlos, pero también llenarlos de lo que les hace bien; amor, verdad, fe, esperanza.

Los padres filtran, protegen y construyen el mundo interior de sus hijos. Así, por ejemplo, si corregimos con amor, no solo educamos una conducta, sino les enseñamos que el amor no desaparece cuando se equivocan, de tal manera que, el día de mañana, podrán creer que Dios los ama incluso en su fragilidad.

La forma en que un niño experimenta el amor en su casa será la forma en que aprenderá a entender el amor de Dios. Asumamos con responsabilidad y alegría nuestra misión: “ser guardianes de su corazón”.

Departamento de Familia