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A terminar el trabajo que había quedado pendiente. A pronunciar esa frase amable y llena de cariño que no pudimos decir ayer a nuestra esposa o esposo. A expresar esa disculpa que debíamos a nuestro hijo por la respuesta brusca y malhumorada del otro día. A realizar esa llamada a nuestros padres, a quienes no hemos visitado desde hace algún tiempo. A recuperar ese momento valioso que lo gastamos en la computadora la semana pasada, cuando perdimos algunas horas de nuestro tiempo de estudio. 

Hoy es el día, porque no sabemos qué pasará mañana. Hoy, que estrechemos la mano de quienes pasan a nuestro lado, y que son nuestros amigos y colaboradores. Que brindemos ese consejo necesario a esas personas que tienen menos edad que nosotros, y que anhelan una palabra de afecto y de comprensión. 

Que nadie pase ante nosotros con la sensación de que nos importaba poco. Que pongamos nuestra agenda al día. Que no olvidemos las actividades que tenemos que hacer en esta semana. Que nos enteremos de lo que pasa a nuestro alrededor. 

Que juntemos las manos en permanente oración, ya que oración es vivir todo el día ofreciéndole nuestro trabajo a Dios, y haciéndolo con perfección. Que nos propongamos acercarnos más al Señor por medio del sacramento de la Reconciliación, que nos da una alegría radiante y una gran paz. 

En fin,…cada uno de nosotros tiene un gran desafío hoy; con el prójimo que está a nuestro lado, y con la sociedad que espera nuestra aportación para su bienestar. El día ya comenzó; no dejemos que las horas corran sin que hayamos dibujado una sonrisa en el rostro de los demás.

Saludos,    

Departamento de Familia