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San Alberto Magno, contaba que de joven le costaban mucho los estudios, y una noche, desesperanzado, intentó huir del colegio donde estudiaba. Cuando llegó a la parte superior de una escalera, colgada en la pared, había una imagen de la Virgen María. “Alberto, ¿por qué en vez de huir del colegio, no me rezas a mí, que soy Casa de la Sabiduría? Si me tienes fe y confianza, yo te daré una memoria prodigiosa”, le dijo la Madre de Dios.

María intercede siempre por todas las personas que la necesitan. Siempre preocupada. En el Evangelio, recordamos cómo, presurosa, se dirige a la casa de su prima, Isabel, para ayudarla durante su embarazo. Otra escena del Evangelio, nos muestra a la Virgen, intercediendo ante su Hijo, para que convierta el agua en vino; logrando que Él realice su primer milagro.

La Virgen ruega a su Hijo, por cada uno de nosotros, y obtiene las gracias específicas que necesitamos. Lo mismo que para una madre, sus hijos son únicos y diferentes entre sí, así somos nosotros para María.

San Bernardo, hablando de la Virgen, escribió estas hermosas palabras: “Así como nosotros no podemos acercarnos al Padre sino por medio del Hijo, que es mediador de justicia, así no podemos acercarnos a Jesús, si no es por medio de María, que es la Mediadora de la gracia, y nos obtiene con su intercesión, todos los bienes que nos ha concedido Jesucristo”.

Acudamos siempre a María, Intercesora ante el Señor, por nosotros.

Saludos,

Departamento de Familia