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¿Se imagina? Después de sufrir lo inimaginable -sólo pensemos en que un hijo nuestro muriera de esa forma-, a la Virgen se le presentó su Hijo, resucitado. No alcanzaremos nunca a entender lo que eso significó para María. Sólo digamos que la convirtió…, en la mujer más feliz sobre la tierra.

Resucitado, y con un cuerpo glorioso, la habrá despertado con un beso en la frente, o tomándole las manos, o susurrando su voz, mientras acercaba su rostro al rostro de su Madre.

Debía ser muy temprano en la mañana, cuando esto ocurrió. Por ser algo tan íntimo, los evangelios no lo narran. Sus párpados, todavía muy hinchados por tanto llorar, tendrían que haber vuelto a su tamaño normal, porque Él habría colocado sus manos, sobre el rostro de la mujer más bella que ha existido.

Y si es la mujer más feliz de la humanidad, ¿cómo no va a transmitirnos su felicidad a nosotros, sus hijos? ¿Quiere ser feliz?… Pídale a Ella, que le contagie de su inmensa alegría. Pero pídale con fe, es decir, con la certeza absoluta de que Ella se lo va a conceder.

Y verá que su vida se vuelve más optimista, más dichosa…, más radiante.

Acuda a la mujer más feliz; a la Madre de Jesús…, a nuestra Madre…, todos los días de su vida.

Saludos,

Departamento de Familia