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Una santa de nuestro tiempo. Muchos la conocimos por reportajes, notas de prensa, obras, y por su valioso aporte a la humanidad.

Muy pequeña de estatura, sin embargo sus brazos podían cargar –inexplicablemente- a personas que pesaban mucho más que ella. Entre esos abandonados estaban quienes tenían su piel sangrando por llagas no curadas; paralíticos relegados; quemados; seres humanos abortados pero aún vivos; niños desamparados; gente que se moría de hambre y de sed; desnudos de ropa y de fe; personas que habían perdido la esperanza de vivir, es decir, los más pobres entre los pobres.

Suyo es este consejo para los padres: “Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñaran tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado”.

Santa Teresa de Calcuta. Una madre que se fue, para ser canonizada el día de ayer, en medio de una gran fiesta; una fiesta que ya se vivía mientras estuvo con nosotros, pues su ejemplo fue una gran motivación para fundar instituciones que ahora se dedican a curar las heridas del cuerpo y del alma de tantos seres humanos.

Ella dijo: “Cuando la puerta de la felicidad se cierra, otra puerta se abre, pero algunas veces miramos tanto tiempo aquella puerta que se cerró, que no vemos la que se ha abierto frente a nosotros”. Y nosotros,… ¿Qué puerta vemos?

Saludos,

Departamento de Familia