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La Sagrada Familia… reflejo de la Trinidad

La fiesta de la Sagrada Familia nos invita a contemplar a Jesús, a María y a José como verdaderos modelos de amor y reflejo de la Trinidad. Es un llamado a mirar al interior de nuestro hogar y reconocer tanto la luz como las sombras que en él habitan.

La familia de Nazaret, al igual que la nuestra, pasó por innumerables dificultades: pobreza, rechazo y peligro; sin embargo, el amor los sostuvo, los fortaleció y les permitió salir adelante.

Jesús quiso nacer en el seno de una familia y, de esta manera, santificar a las nuestras. Quiso mostrarnos que es posible vivir en unión, respeto y amor. En la vida oculta de Jesús, la Sagrada Familia nos enseñó a valorar lo cotidiano y lo sencillo de cada día. María cuidaba de su hogar, rezaba en el silencio y observaba a su hijo crecer; José, con paciencia, le enseñaba el valor del trabajo bien hecho; y Jesús obedecía y ayudaba a sus padres. Compartían la comida, las conversaciones sencillas y risas, y nunca faltaba la oración. Vivieron una vida simple en Nazaret: trabajo, hogar, silencio y oración.

La familia es una institución querida por Dios, y Él quiere caminar a nuestro lado en medio de las luchas cotidianas. Sabe que son muchos los peligros que la acechan, pero con su presencia podemos enfrentarlos y vencerlos.

Aunque las tormentas nos asusten y muchas veces no sepamos qué hacer, la confianza en Dios siempre será más grande que la incertidumbre. Aunque hayamos sido lastimados y nos cueste dejar atrás lo vivido, el perdón es más grande que cualquier resentimiento. Y cuando nos molesta tener que cambiar planes, incomodarnos o ceder, no olvidemos que el amor siempre será más grande que el egoísmo.

Dios está presente en nuestros hogares, santificando la vida familiar y enseñándonos que la santidad también se construye en lo simple de cada día.

Departamento de Familia