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Faltan pocas horas para que conmemoremos una vez más, el Nacimiento del Niño Jesús en el portal de Belén. Llegaba el día tan anhelado para María y para José, quien sufriría mucho por no encontrar algún lugar donde pudiera nacer su Hijo, el Salvador de la humanidad.

Un camino muy extenso para empadronarse, pero en este caso los acompañaba un evento muy especial: La Virgen estaba encinta, y ya próxima a dar a luz a su primogénito, a quien esperaban con enorme alegría y mucha ilusión.

Y encontraron el sitio. Probablemente un establo. Vino al mundo, y fue envuelto en pañales. Sus padres, arrodillados, debieron dar gracias a Dios por ese regalo tan grande que el Señor les había proporcionado.

El Mesías prometido estaba allí. Pequeño, quizá llorando o siendo amamantado por la Virgen. Los pastores que estaban cerca, ya habían llegado, y estupefactos por la visión de los ángeles y por ver al Niño en el pesebre, le traían presentes, a la vez que adoraban al Rey de Israel.

Que tengamos detalles con el Niño Jesús, en esta Navidad. Que al igual que los pastores -y luego los Reyes Magos- le regalemos al Hijo de Dios nuestro corazón. Que seamos generosos para hacer lo que Él solicita. Quizá sus planes para nosotros sean distintos a los que nos hemos trazado. Pidámosle que nos haga ver, con toda claridad, que es lo que Él quiere, para que nuestro obsequio lo haga feliz.

Invoquémosle, a su Madre -que es nuestra Madre- que nos ilumine, para no guardarnos nada. Que la imitemos en su respuesta al Arcángel: ¡Hágase en mí, según tu palabra!

Saludos,                                                                                  

Departamento de Familia