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Los Reyes Magos inician un camino nuevo. Dejaron la contemplación de las estrellas, y se postraron. Reconocieron en el Niño a Jesús, por eso el regalo de la mirra para la sepultura de los mortales; al Rey del universo, por eso le obsequiaron oro; y a Dios, ofrenda del incienso, signo de adoración.

La Virgen tendría que haberles contado muchos detalles del nacimiento de su Hijo. Quizá también de la Anunciación. Y esto cambió su vida. Su vocación de sabios se transformó repentinamente. Llevarían un mensaje de paz, de alegría, de una renovación de vida para quienes los escucharan.

Han pasado miles de años, y aún su mensaje llega a nosotros. Se los recuerda todos los años. Sus imágenes están perennizadas en las representaciones de los nacimientos. Su esfuerzo y tenacidad para llegar al lugar donde lo adorarían; su humildad; su fe; su esperanza…, su caridad y generosidad, han transformado muchos corazones.

Pidamos constantemente a los Reyes Magos, que tengamos presente al Señor, que se encuentra en el Sagrario. Que lo visitemos como ellos lo hicieron. Que lo alabemos, lo adoremos, le agradezcamos, y le pidamos por nuestras necesidades

Saludos,

Departamento de Familia