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…De la última Promoción: La XVI. Sentimientos encontrados. Por un lado, un nuevo panorama que se abre –elegir una Carrera- para todos los estudiantes que la integran. Por el otro, están los recuerdos vividos con sus compañeros, quienes desearían que la salida se demorara un poco más.

Algunos ya no se verán durante cierto tiempo. Otros sí lo harán, durante las vacaciones de las Universidades. Pero ya no será lo mismo. La atención en las clases; las bromas; el timbre que llama al recreo; el deporte que enciende el ánimo; los consejos recibidos; recorrer el Colegio; servirse los alimentos mientras se conversa y se ríe. Análisis y críticas. Análisis y agradecimientos. Análisis y añoranzas.

Todos recordaremos esta Promoción. Cuántos logros académicos, culturales, deportivos –y otros más-, consiguieron mientras permanecieron en el plantel. Cuántas satisfacciones. Y junto a ellas, el esfuerzo que significó competir en las diferentes actividades en que intervinieron.

Chompas con el número XVI junto a los nombres o apodos bordados en ellas, que los identificarán siempre. Allí están los cantantes, los oradores, los imitadores, los cuenteros, los artistas, los estudiosos, los deportistas, los que llevaban la alegría y el buen humor en todo lo que hacían,…

Pero todo esto no se perderá cuando se vayan. Los recuerdos quedarán grabados en las aulas, corredores, patios,… y en la mente de quienes los conocimos y los apreciamos de veras. Aún cuando en determinado momento perdieran la calma y se les saliera un grito destemplado, o un reclamo por algo que les pareció injusto.

Que disfruten estos últimos meses. Que terminen de sembrar las semillas que faltan echar en esa tierra fértil que es el Torremar. Que sean hombres íntegros: honestos, emprendedores, solidarios, perseverantes, leales, prudentes, piadosos, valientes,…

Que apliquen en su vida, aquello que escribió San Josemaría en el punto 1 de su libro “Camino”: “Que tu vida no sea una vida estéril. –Sé útil. –Deja poso. –Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. –Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón”.

Saludos,

Departamento de Familia