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Las Sagradas Escrituras nos muestran a Jesús que asciende al Cielo, y a los apóstoles mirando la escena fijamente, sin moverse. Al rato, aparecieron unos ángeles que confirmaron lo que Cristo había dicho: que era el momento de actuar, de llevar su palabra a todos los confines de la tierra.

Tener siempre la cabeza en el Cielo, y los pies sobre la tierra. No dejar nunca de mirar hacia arriba, buscando la presencia de nuestro Padre, que está esperándonos siempre. Pero también mirando hacia abajo, donde están la familia, y los más próximos a nosotros.

Preguntémonos: en este momento, ¿hemos mirado hacia arriba, en lo que va de la mañana? ¿Le hemos ofrecido el trabajo al Señor? ¿Les dimos la bendición a nuestros hijos, antes de que se vayan al colegio? ¿Tenemos en nuestra mente, dedicar un tiempo de nuestro día, a tener presencia de Dios?

En esto se resume nuestra vida: en mirar hacia arriba: suplicando, agradeciendo, adorando y alabando; pero también mirando hacia abajo: aportando al bienestar de los demás, con nuestro esfuerzo, perseverancia y dedicación.

¡Feliz lunes! Comencemos esta semana, con alegría y optimismo.

Saludos,  

Departamento de Familia