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Aunque usted tenga el alma triste por la pérdida de un ser querido.

Aunque sea usted mismo el que sufre por alguna enfermedad o incapacidad física.

Aunque la noche de la vida parezca que lo cubrirá.

Aunque piense que la ancianidad detendrá su ímpetu y sus ilusiones.

Aunque sienta que el Señor lo ha dejado solo ante esos problemas que lo agobian.

Siempre habrá una luz al final del túnel de la vida.

Siempre tendrá la caricia de una Madre que espera que la llame.

Siempre la brisa fresca de la esperanza llenará su espíritu.

Siempre esa mano amiga impedirá que usted caiga en el abismo de la desesperación.

Siempre hay una posibilidad, siempre; aunque todo le parezca perdido.

Entonces…, ánimo. La tristeza no arregla nada. La vida sigue, y necesita de usted.

¿Sabía que usted es único e irrepetible? ¿Qué nadie más puede hacer lo que el Señor, antes de que fuera formado, destinó para usted? Levántese, siéntese y…, comience a caminar.

Saludos,

Departamento de Familia