Preguntar no es solamente buscar una respuesta. Muchas veces, detrás de una pregunta hay un deseo de encontrarnos con el otro. Sin embargo, no siempre preguntamos de la mejor manera. Algunas preguntas, lejos de acercarnos, pueden transmitir desconfianza: “¿Seguro que estabas ahí?”; necesidad de controlar: “¿por qué no me contestaste?”; o simplemente buscar información: “¿ya hiciste la tarea? “.
Pero nuestras preguntas también pueden expresar interés: “¿cómo estás?”; preocupación: “¿Por qué estás triste?”; disponibilidad: “¿Necesitas ayuda?”; o reconocimiento: “¿Qué piensas tú?”.
Preguntar es entrar, poco a poco, en el mundo del otro. Convivimos con nuestra familia y podemos llegar a creer que los conocemos porque sabemos sus horarios, sus gustos, sus amigos. Pero conocer sus rutinas no significa necesariamente conocer su mundo.
Cuando preguntamos podemos también conocer aquello que no vemos, demostrar que nos importa y que estamos disponibles para escucharlos.
Preguntar es una manera de mirar al otro. A veces lo que nuestros hijos necesitan es que le hagamos una buena pregunta y tengamos la paciencia de escuchar la respuesta.
Departamento de Familia