Paz, unión y alegría

La paz es un don que Dios nos regala, y que nos toca a nosotros cultivarla, hasta que dé frutos abundantes.

Tenemos que vivirla a cada momento durante el día, y la paz se gana, venciendo en pequeñas batallas. Esas que tenemos todos los días, contra nuestro mal genio, contra la pereza, contra los miedos, contra las inquietudes que nos turban, contra la falta de interés por alguien que necesita de nuestra ayuda…

La paz es producto de la vida interior. A más vida interior –tener a Dios en nuestros corazones y tratarlo mucho-, más gozaremos de esa tranquilidad, que nos da fuerza para seguir en el camino correcto.

Debemos ser hombres y mujeres de paz, y tenemos que enseñarles a nuestras hijas e hijos, a que cultiven ese gran don. Primero con nuestro ejemplo: que vean que su hogar es un lugar donde se respira unión y alegría. Que no se nos salga una palabra, o gestos, o acciones, que les transmitirán un mensaje equivocado, y que luego se traducirá en hijos díscolos y con muchas complicaciones en sus vidas.

También hay que hablarles de lo que significa. Jesús, con mucha frecuencia, utilizaba esta palabra: “La paz esté con vosotros”; “La paz os dejo, mi paz os doy”… Enseñarles cómo se la mantiene, y cómo se la aplica en la vida misma.

Si todavía no la lleva consigo, este es el tiempo propicio para ejercitarla; todos los días, con una sonrisa, con un rostro limpio.

Saludos,

Departamento de Familia