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Pequeños detalles que salvan

Si nos preguntáramos qué es lo que más amamos, seguramente lo primero que se nos viene a la cabeza es nuestra familia. Y es así: nuestro cónyuge y nuestros hijos, son el motor de tantos esfuerzos y renuncias, la fuente de muchas alegrías, y también de algunas tristezas. Ellos son lo más importante. Sin embargo, puede ocurrir que eso lo tengamos claro nosotros…  pero ellos no siempre lo perciban.

¿Dónde tenemos puesta nuestra mirada? ¿En qué invertimos nuestro tiempo? ¿Dónde está puesto nuestro corazón?  El mundo a veces endurece nuestro corazón, nubla nuestra mirada y absorbe nuestro tiempo, dejando de lado precisamente a quienes tanto amamos.  “¡No les falta nada!”, pensamos-. Sin embargo, muchas veces nuestros hijos o nuestro cónyuge se sienten solos o incomprendidos.

El amor sostiene nuestra familia: un amor que se expresa en obras, que se ve y que se puede sentir; un amor que es capaz de transformar el miedo en confianza y llenar de alegría el hogar.  No es un amor que nos pida actos heroicos, sino un amor hecho de pequeños detalles que, al vivirlos desde el corazón, pueden cambiarlo todo: nuestra vida, la de nuestro cónyuge, la de nuestros hijos y la vida misma de la familia.

Este tiempo de Cuaresma nos invita de manera especial a volver la mirada hacia quienes tenemos más cerca, a no ser indiferentes en lo cotidiano, y a recordar que el verdadero amor —aunque se manifieste en pequeños detalles— siempre requieren de esfuerzo, atención y generosidad.

Departamento de Familia