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No se olvide. Cuando estén a su lado…, y cuando se hayan marchado. ¡Cuánto necesitan de la Oración nuestros hijos! De las oraciones vocales, y de las mentales. Las que usted sepa y se acuerde, o las que encuentre en el celular.

“Pero si rezamos juntos todas las noches”. “Vamos el domingo a la Misa todos, en familia”. “Algunas veces rezamos el Rosario con ellos”. “En el Colegio, los hacen rezar”. Sí, todo esto está bien, pero usted tiene que rezar todo el día por ellos.

En los actuales momentos, ellos están expuestos a muchos peligros, que antes se los podía controlar. Hoy no. No es suficiente con darles la bendición. El mal no se toma descanso. Irrumpe noche y día. Entonces, nosotros también estaremos noche y día, pidiéndole a la Virgen y al Señor, que los protejan.

Durante esta pandemia, que ya parece que termina, nos hemos vacunado varias veces, para impedir que ese microorganismo haga estragos en nosotros. Vacunemos a nuestros hijos del “microorganismo” del mal, con la Oración. Ahoguemos el mal, con abundancia de bien.

Si están cerca…, si están lejos…, si están muy lejos. No importa. Da igual. La gracia les llegará siempre. Sólo hay que juntar las manos, ponerse de rodillas, o sentarse o pararse y…, pedir. Recuerde, los cristianos somos muy pedigüeños, y al Señor le gusta…, que lo hagamos.

Saludos,

Departamento de Familia