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Es hora de regresar; de volver a las bancas de la Iglesia de nuestra parroquia; de escuchar la palabra de Dios; de arrodillarnos en el momento de la Consagración, cuando el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Cristo; de sentir al Señor en nuestro cuerpo, cuando comulgamos.

Es hora de visitarlo; de hacer Oración junto al Sagrario; de volver a confesarnos…, de acudir a las Misas de los domingos. Vamos a tantas partes, ¿por qué no asistir a la Capilla que está más cerca de nuestras casas?

El Señor nos espera. Y cuánta falta hace la Oración para nuestras vidas. Recordemos que es la mejor arma que tiene el cristiano para salir adelante; para seguir en este mundo, porque tenemos mucho que hacer hasta que Él nos llame a su presencia.

¿Ya regresó? ¡Qué bueno! Ahora hable con sus amigos y conocidos, para que nuestras Iglesias vuelvan a tener feligreses en sus bancas. Dígales que la familia que reza unida, permanece unida. Y persevere. Hable con Dios. El retorno…, es necesario.

Saludos,

Departamento de Familia