Artículos

Cientos de consejos –llenos de sentido común y de visión sobrenatural– dio el Fundador del Opus Dei a los padres de familia. Muchos están recogidos en sus libros. Otros hay que espigarlos pacientemente a lo largo de estas reuniones numerosas y en las conversaciones personales con quienes fueron a verlo a Roma, o lo habían tratado más de cerca en sus años de España. Realmente amó a las familias, a todas: las familias numerosas, las que tienen menos hijos, o las que no tienen ninguno, porque Dios no se los da, después de haber puesto –el marido también, repetía incansablemente– todos los medios sobrenaturales y los humanos honestos. Sólo alguna vez se le escapaba lo que no quería: ¡No soy amigo de las familias que, por egoísmo, cortan las alas del amor y lo hacen estéril e infecundo…!

Les aconsejaba educar cristianamente a sus hijos, ante todo, con el ejemplo. Enseñarles a rezar, pero sin obligarles a grandes rezos: poquitos, pero todos los días (las madres, sí, pero también los padres). Llevarlos cortos de dinero, y que aprendan a usarlo, aunque –concretaba– es mejor que lo manejen cuando se lo ganen. Respetar prudentemente su libertad. Hacerles ayudar a los demás según la edad de cada uno, llenando el día de pequeños servicios. Conseguir que la casa –en una palabra– fuese hogar luminoso y alegre.  

San Josemaría  hizo comprender a los matrimonios que el cariño se enrecia con las penas y dificultades de la vida. Como declaró a la directora de la revista Telva en febrero de 1968: Pobre concepto tiene del matrimonio –que es un sacramento, un ideal y una vocación–, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo. Es entonces cuando el cariño se enrecia. Las torrenteras de las penas y de las contrariedades no son capaces de anegar el verdadero amor: une más el sacrificio generosamente compartido. Como dice la Escritura, aquae multae –las muchas dificultades, físicas y morales– non potuerunt extinguere caritatem (Cant., VIII, 7), no podrán apagar el cariño. 

Saludos,        

Departamento de Familia