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No perder los vínculos. A un niño se lo puede alimentar bien, darle una buena educación, enseñarle modelos a seguir,…satisfacer sus necesidades materiales. Sin embargo, aunque nada de esto le falte, hay un aspecto que no debemos olvidar: brindarle todo el afecto, que sólo el espíritu puede ofrecer.

Tomarlos de la mano; no dejar un día sin hablar con ellos; si acaso nuestros hijos no conversan mucho, debemos lograr que algún momento compartido, les permita comunicarse con nosotros.

Generalmente, estas oportunidades consiguen su finalidad fuera de la casa, en diferentes partes: parques, cines, sitios para comer, lugares para divertirse. Y dan mejores resultados las actividades que se realizan, no con varios hijos a la vez, sino la salida periódica uno por uno. Niñas y niños. Un fin de semana le toca a ella, el otro a él… y así, hasta cumplir con todos.

La cercanía afectiva, con el papá sobre todo, crea vínculos muy fuertes que evitarán situaciones conflictivas que en el futuro podrían presentarse, cuando el chico o la chica no experimentaron esa buena relación que debieron tener con sus padres.

Deje el cansancio a un lado; para descansar ya tendremos tiempo, cuando ellos se duerman disfrutando de haber pasado un momento especial junto a papá o a mamá.