¿Qué significa realmente ser feliz? Las Bienaventuranzas nos invita a mirar la vida con otros ojos. No son una lista de ideales inalcanzables, sino la promesa de una alegría verdadera, de esa que no depende de que todo esté bien, sino de la confianza profunda en que Dios cumple siempre su palabra.
Ser “bienaventurados” es descubrir que, incluso en el cansancio o la dificultad, hay una esperanza que nos sostiene. Es una alegría que sana las heridas y nos ayuda a valorar lo que de verdad importa. Vivir estas palabras implica ordenar el corazón, quitando las piedras del orgullo, el egoísmo o el resentimiento que a veces estorban el camino.
En la vida familiar, la santidad se construye en lo sencillo: eligiendo la calma, practicando la paciencia y siendo constructores de paz en lo cotidiano. No se trata de buscar la perfección, sino de caminar con un corazón despierto y agradecido por cada detalle de cariño que recibimos.
¿Qué parte de nuestra vida necesita hoy esa luz de esperanza? No dejemos para mañana el propósito de vivir con más gozo. Recordemos que lo que viene es tan grande que vale la pena seguir confiando.
Departamento de Familia