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Tiempo de vacaciones. Tiempo para descansar. Tiempo para dejar por unos días nuestras actividades. Y es que la familia necesita de nuestra presencia durante esta temporada. Veamos… estamos unos pocos momentos con ellos en la mañana; casi en ningún instante por la tarde, y pocas horas en la noche.

Y si nos damos cuenta, esas horas de la noche las dividimos entre nuestro hogar, y el gimnasio o los amigos. El resultado está a la vista. Nuestros hijos no pueden hablar con nosotros a solas. El fin de semana es complicado, porque hay que compartirlo con todos, y los problemas que se pudieron tratar entre semana, no los podemos conversar los sábados o domingos.

Nuestros hijos crecen, y cuando nos damos cuenta, si acaso no hemos sembrado bien, no tendrán la suficiente confianza para contarnos acerca de sus ilusiones, sus alegrías, sus proyectos, sus frustraciones, sus desalientos.

Que ellos puedan decir: “¡Qué lindas vacaciones! Tuvimos a nuestros padres todo el día con nosotros”. Organicémonos. Si podemos, serán algunos días fuera de casa, y si es complicado, el tiempo será más corto, pero podremos vivirlo con más intensidad… Aprovechemos.

Saludos,                                                                                  

Departamento de Familia